MENOPAUSIA ¿Te ajamonas o te amojamas?

Ni lo uno ni lo otro.

Basta ya de contemplar la menopausia como una etapa de decrepitud. Como si fuera una cuesta abajo inevitable, una especie de rendición al paso del tiempo. Nada más lejos de la realidad.

Déjame contarte algo: las hembras humanas somos una de las poquísimas especies a las que la naturaleza permite seguir vivas después de perder la capacidad reproductiva. Y la naturaleza no es precisamente generosa si algo no le compensa. La fisiología no gasta energía porque sí. Si seguimos vivas —y no solo vivas, sino con décadas por delante—, es por algo. Tiene sentido. Y tiene propósito.

Ahora bien: aunque la menopausia sea un proceso natural, no todas llegamos igual de preparadas. Algunas mujeres atraviesan esta etapa con insomnio, sofocos, cambios de humor, ganancia de peso, descalcificación, ansiedad…

Y solemos enfrentarlo a trocitos: una pastilla para dormir, una dieta para adelgazar, un tranquilizante para la irritabilidad, calcio para los huesos, aire acondicionado para los sofocos. ¿Resultado? Parche sobre parche. Y eso no funciona porque tu cuerpo no es una máquina y no funciona por partes, y tu salud tampoco.

Porque todo forma parte del mismo mapa: fundamentalmente una bajada estrogénica, . Una caída hormonal que afecta al cuerpo entero. Los estrógenos son energía. Son impulso vital. Nos hacen sentir lúcidas, activas, guapas. Cuando bajan, todo se tambalea.

La adrenalina se desboca, nos sentimos más nerviosas, más irritables. Esa misma desregulación activa los sofocos, nos impide dormir bien, y ese mal descanso alimenta el bucle de todos los síntomas.

Sí, la menopausia es un proceso natural. Pero eso no significa que no podamos acompañarlo de otra forma. No, no estoy hablando (solo) de terapia hormonal sustitutiva. Estoy hablando de hábitos. De decisiones. De cambios sutiles, pero poderosos. De herramientas que funcionan y que te devuelven al centro.

Porque esta etapa no es el final de nada. Es el inicio