¿Te ha subido el colesterol en las últimas analíticas?
Estás en perimenopausia o menopausia y, de repente, el colesterol se dispara. Te preocupa. Empiezas a pensar en estatinas. Culpas al queso, al huevo o a la edad.
Pero ¿y si no fuera un error? ¿Y si tu cuerpo estuviera haciendo justo lo que necesita?
Esto no es un fallo: es una adaptación
El aumento del colesterol en esta etapa no es una enfermedad. Es un ajuste inteligente de tu cuerpo al nuevo escenario hormonal.
Menos estrógenos = más colesterol. Y no por accidente, sino porque el colesterol es la materia prima con la que el cuerpo “fabrica” muchas de las sustancias que ahora necesitas más que nunca:
– Estrógenos, para compensar su caída .
– Cortisol, tu antiinflamatorio natural.
– Vitamina D, clave para tus huesos, tan importante en esta etapa, tu energía y tu sistema inmunitario.
– Mielina, que recubre y protege tus neuronas y te protege de enfermedades neurodegenerativas como el Parkinsonoel Alzheimer
Y atención porque esto es importante: sabías que el 80–90 % del colesterol lo fabrica tu propio cuerpo, con independencia de tu alimentación
¿Sabes por qué? Porque es demasiado importante para dejarlo al azar.
La evolución diseñó un mecanismo interno para producirlo incluso si alguna vez cometiéramos la estupidez de dejar de consumirlo, por eso intentar bajar el colesterol eliminando ciertos alimentos de la dieta no funciona, es una molécula esencial para la vida que tu organismo seguirá fabricando
¿De verdad hay que bajarlo?
El colesterol alto, por sí solo, no es sinónimo de enfermedad.
Lo que marca la diferencia es el terreno en el que actúa:
– En un cuerpo inflamado, con grasa visceral, glucosa elevada o resistencia a la insulina, puede formar parte del problema.
– En un cuerpo metabólicamente sano, forma parte de la solución, fevoreciendo incluso la longevidad,
No es el colesterol: es el contexto.
¿Y las estatinas?
Seamos claras:
En mujeres en menopausia, sin antecedentes cardiovasculares ni factores de riesgo evidentes, las estatinas no están justificadas por defecto.
Si te las recomiendan, deberían explicarte muy bien por qué. Es decir:
– Qué beneficio real esperan obtener en tu caso.
– Cómo funcionan.
– Y cuáles son sus posibles efectos secundarios.
Por ejemplo: las estatinas inhiben la producción de Coenzima Q10, un antioxidante esencial para la energía celular. Y en esta etapa de la vida, eso es algo que necesitamos más que nunca. También pueden aparecer efectos adversos como dolor muscular, fatiga o alteraciones cognitivas.
No se trata de demonizarlas. Tienen su lugar en algunos casos. Pero si se van a utilizar, debe ser con una justificación clara, adaptada a tu situación concreta y con toda la información sobre la mesa. Tu salud está en juego y es lo mínimo que debes exigir
Entonces, ¿qué sí deberías hacer?
En lugar de pelearte con una molécula que tu cuerpo eleva por una razón, trabaja en mejorar el contexto metabólico. Es decir:
– Regular tus niveles de glucosa.
– Reducir la inflamación crónica.
– Eliminar la grasa visceral, si la hay.
