¿Sigues creyendo que la forma más eficiente para la pérdida de peso es reducir la ingesta calórica? Vale, pues déjame que te diga que estás equivocada.
El cuerpo no cuenta calorías, así que nosotros tampoco deberíamos hacerlo. El cuerpo cuenta densidad nutricional. Por eso, lo de las calorías que entran por las que salen no vale.
Tú te habrás dado cuenta muchas veces: cuando empiezas una dieta hipocalórica, al principio funciona (aunque lo que pierdes no es grasa), pero enseguida te estancas. ¿Por qué? Porque el gasto energético no es solo una cuestión de calorías. Es una cuestión hormonal. Y en concreto, de una hormona: la insulina.
La insulina es una hormona anabólica, lo que significa que su función es almacenar. Mientras hay insulina en sangre, el cuerpo recibe una orden clara: guardar, guardar, guardar. Y no solo nutrientes, sino especialmente grasa. Es decir, mientras la insulina está presente, no vas a perder grasa. La lipólisis (la quema de grasa) está completamente inhibida.
Tatúate esta frase en el antebrazo: mientras haya insulina en sangre, no es posible la pérdida de peso. Y la insulina se libera principalmente con carbohidratos. Con proteínas, un poco. Con grasas, casi nada. Además, permanece unas 2 o 3 horas en sangre. Así que, si basas tu alimentación en carbohidratos y haces 4 o 5 comidas al día, haz cuentas y saca tus propias conclusiones.
La pérdida de peso no está regulada por las calorías, sino por las hormonas. Y el cuerpo, lo que necesita en primer lugar es que lo entiendas y luego, que actues en consecuencia
